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jueves, 7 de marzo de 2019

Hasta la vista


Queridos lectores, ¿cuántas veces habré de hablaros de la gran hipocresía que nos rodea? De cómo alguien que considerabas tu mejor amiga (y ella a ti también) pasa a ser una desconocida que ni te saluda por la calle.

Como os comenté en mi primera publicación tras el largo parón, han sido tiempos muy turbulentos, de mucho cambio y mucha inestabilidad. En esta ausencia en el blog, la que creía la mejor amiga de mi madre, de repente desapareció. Qué fácil es ser amigo en los momentos buenos, pero si llegan las vacas flacas y la gente huye, plantéate que no eran tan amigos. Y esto es exactamente lo que pasó.

Mi madre tuvo muchos meses de bajón físico, anímico, psicológico y todo lo que se os ocurra de esa índole y, mientras casi no podía ni salir de casa, se preocupó de que su amiga estuviese bien. Llegó un día en que no podía abarcar tanto y se centró en sí misma, fue al médico y le dijeron que tenía una enfermedad, que todos sus problemas tenían una causa. 

Se focalizó en su tratamiento, en superar la rara enfermedad que la había casi anulado como persona, pero su amiga ya no contestaba sus llamadas ni mensajes, no sabe que pasó por todo aquello sola, con el apoyo de toda su familia, pero sin su supuesta amiga.

Después de Navidad, mi abuela tuvo que ser ingresada y estuvo muchas semanas en el hospital. Mi madre no se separaba de su lado y con todo lo que conllevaba su recuperación, las horas de hospital, asegurarse de que las cosas en casa seguían yendo bien y un largo etcétera, se olvidó de felicitar el cumpleaños a esta mujer. Qué gran ofensa para alguien que no sabe de la misa la mitad.

Cuando mi abuela se recuperó y volvió a su casa, nos enteramos de que la había vendido. Tuvimos que ponernos las pilas en buscar un nuevo hogar para ella, para mi abuelo y para mi tía que vive con ellos porque se quedaban literalmente en la calle. Fueron meses en los que mi madre seguía con su tratamiento, en los que cuidaba de la recuperación de mi abuela, buscaba un piso apropiado y vaciaba la casa de todo lo que no se iban a llevar a la nueva, fuera cual fuese.

Por esa época tuvo la inmensa suerte de reencontrarse con su amiga de toda la vida, del colegio, de sus años de juventud. Y gracias a ella y tener alguien con quien contar, sus problemas se minimizaron en su mente. Ya no se veía sola, volvió a sonreír después de mucho tiempo. La hipócrita la bloqueó en las redes sociales, nadie sabe muy bien por qué.

Ahora las cosas parecen más tranquilas. Mi madre no está recuperada, pero va bien; mis abuelos y mi tía llevan un tiempo instalados; no hay demasiados sustos de salud por parte de ellos; sigue quedando con su amiga del colegio, etc. 

El otro día nos cruzamos con la supuesta mejor amiga de la que hacía más de un año que no sabíamos nada y ni nos saludó. Giró la cara como si fuéramos las vecinas pedantes, maldita maleducada. Muy bien, tú lo has querido. Si no estuviste en los momentos más duros de nuestra vida, no nos mereces en los mejores.

Espero de corazón que no tengáis la suerte de tropezaron con gente así de magnífica y que la apartéis bien lejos.

Aurora

La fotografía la he sacado de aquí.

sábado, 15 de junio de 2013

Auryn


No sé si conoceréis a esta banda, pero hoy tienen la firma de su libro en el Retiro de Madrid. Esta entrada no la escribo como fan, ya que apenas he escuchado alguno de sus temas, sino como escéptica espectadora de algo que estoy viviendo muy de cerca.

Niñas de la ESO que sí admiran a estos chicos van a ir a hacer cola e intentar conocerles. Eso no sería malo si no hubiesen involucrado en su momento fangirl a otras chicas que ni siquiera les reconocerían fuera de una foto de sus álbumes. Esta entrada la dirijo a la Hipocresía, una vez más.

¿De verdad compensa a las niñas que no conocen a esta banda tirarse horas muertas bajo un calor sofocante para ver a unos chicos de los que no se saben ni su nombre ni han oído ni una sola de sus canciones? Me parece una gran llamada a la hipocresía solo por querer encajar en una sociedad injusta. 

Lamento sinceramente que las cosas hayan llegado a este punto, no por las niñas (que están en su derecho de fingir un fanatismo inexistente), sino por las madres que las acompañan ya que no se fían de que sus pequeñas se sepan desenvolver solas en ese ambiente cargado de gritos, llantos e histeria adolescente.

Soy la primera en reconocer haber sido fangirl, sé lo que es, lo que se siente y las reacciones de la gente ante sus ídolos. La gente cambia y saca lo peor de sí misma. Espero que este capricho no acabe en una cruenta batalla sentimental que separe a este grupo de amigas en dos bandos enfrentados.

Ánimo a esas valientes madres y suerte a sus hijas.

Aurora.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Profesor



Hola seguidores, gracias a todos por no haberme abandonado en este tiempo de autismo. La universidad me tiene frita este curso y ponerme a comentar es mi deseo cada noche, pero el agotamiento también hace mella en esta mente frustrada. Muchas gracias en especial a aquellos que me instan a menudo en retomar mis divagaciones, críticas y chorradas varias que solía colgar antes de mi decadencia mental. Esta entrada se la dedico con todo mi rencor a ese señor que tanto se la merece (sigo haciendo gala de una ferviente necesidad de anonimato).
Él, que camina solitario por los pasillos de la Facultad, ese hombre ridículo con aires infundados de superioridad, sí, ese, ese es al que dedico estas palabras que le describen tras el velo de mis subjetivas retinas. Trajeado y con barba inmaculada, apariencia de higienista consumado que esconde su condición desaseada. Va de crítico experimentado, de profesor idolatrado. ¿Perdón? Con su labor como crítico no me meto, pero ¿buen profesor? ¿Él? Me dan ataques de risa espasmódica si lo pienso con detenimiento.
Probablemente el "equipo matrícula" se me echaría encima si de estas palabras se enterase,  pero ¿qué ha de pensar una alumna que se ha dejado la piel en su asignatura y sólo ha recibido impertinencias y groserías de su parte? ¿Qué he de pensar yo como víctima de su despotismo, de su altivez y de sus atroces injusticias?
Justifico así el poco respeto que guardo a este señor para el que no existo, citando sus propias palabras textuales que dijo a una compañera en la revisión de un trabajo que hacíamos en conjunto. No sé cuál será su excusa para ser tan repulsivamente petulante, tampoco me interesa. Me da pie a que exprese lo que opino sobre él en este blog en el que, entre otras cosas, denuncio la Hipocresía del mundo que me rodea.
Es un placer volver a escribir aquí. Un abrazo enorme a todos los que me seguís a pesar de mi prolongada ausencia.

Aurora

domingo, 9 de octubre de 2011

Sin explicación posible



Día increíble, de esos que podrían pasar a la historia, pero una lástima que todo se estropeara en grado máximo al caer la noche. Típico día que no sales de la cama, no por vaguear, sino por estudios. Me toca leer un libro en castellano antiguo, así que ese ha sido mi estudio de hoy.
Por la tarde me ha llamado Philip para decirme que en Terracita's se hacía una barbacoa. Asaltan mi mente los recuerdos de esos mágicos días en una playa levantina, ese miércoles haciendo una barbacoa a orillas del mar... Quería ir, pero esa sensación de "quiero y no puedo" es desgarradora.
A solo 30 páginas de terminar el libro lo he dejado aparte, arreglarse y toda la historia tampoco me ha llevado mucho tiempo pero sentía en mi fuero interno que me estaba equivocando, no era mi día para salir a la calle y yo empezaba a saberlo aunque decidí ignorar lo que las corazonadas me advertían.
Terracita's ha sido un suplicio, no por mis amigos que son geniales, sino porque no tenía ni fuerzas, ni ganas, ni motivación para estar de fiesta. Mi sitio estaba en la cama, calentita bajo las sábanas y libro en mano. ¿Por qué no haré caso a lo que me dicta el corazón? Además que terminé mal con Philip porque llevaba un cabreo considerable, fruto de ignorarme a mi misma, la falta de ganas de estar allí, y el frío que tenía.
Y cuando ya no podía más y cansada de retener unas lágrimas irracionales que no podía mostrar por no poderlas explicar, cogí la puerta y me fui. Pillé el último autobús y me vine al barrio. Bajaba rápido una cuesta porque no quería retrasar más mi llegada a casa, lo único que quería hacer era meterme en la cama y leer hasta caer dormida. Y entonces apareció como una exhalación.
Se cruzó en mi camino con una sonrisa pintada en el rostro y me saludó, con intención de darme dos besos. Se los dí, puñetera educación, ya podrías abandonarme en momentos así. Tenía intención de retenerme para preguntarme "qué tal" pero no la di opción, dije que tenía prisa -que era cierto, prisa por meterme en la cama- y que ya hablaríamos. JÁ, no tengo nada que hablar con ella.
No sé quién se cree que es para decirme que me tiene un asco que se muere y cosas de ese estilo, pegarnos hasta que una multitud nos separó y ahora, año y medio después saludarme como si nada... no, hija, no, en mi vida las cosas no funcionan así.
Ni olvido, ni perdono, esa es mi ley.

Aurora.

sábado, 23 de abril de 2011

Hipócrita



Hipócrita de mierda, juro que no sé cómo puedes tener a tanta gente engañada bajo esa fachada a la que llamas amistad. Por suerte puedo afirmar que hace ya mucho tiempo que descubrí de qué pie cojeabas, y sí, te utilicé cuando me convino, de la misma forma que pretendías hacerlo tú conmigo. Hay una gran diferencia, yo sabía qué quería de ti y cómo obtenerlo pero tú no has hecho más que dar palos de ciego y me he hartado de tus tonterías, niñata.
Os preguntaréis a que viene este repentino ataque de cólera, prestad atención: Conocí a Hipócrita (no se me ocurre ningún título mejor) hará unos 5 años aproximadamente en los pasillos del colegio. Teníamos amigos en común y nos pedimos algún que otro favor académico a pesar de que ella iba a un curso inferior. Casualidades de la vida, coincidimos en la misma clase al año siguiente en un centro de estudios completamente distinto.
No se puede decir que nos hiciésemos amigas pero podíamos contar la una con la otra, tanto dentro del centro como fuera. Formamos un grupo con otras compañeras y durante ese primer año todo parecía ir bien. No me molesté en conocerlas en profundidad, del mismo modo que tampoco dejé entrever mi forma de ser. Eso fue lo que me distanció de ellas hasta que los continuos roces me obligaron a aislarme. No me importó porque estábamos a finales de curso y sabía que al año siguiente no iríamos juntas a clase.
Tras el verano comprobé que, efectivamente, ellas iban juntas a un aula mientras que a mí me tocaba empezar de cero en otra distinta. Los roces persistían en los descansos y en el recreo, así que terminé mandándolas a la mierda y empezando una larga temporada de autismo escolar. Tenía miedo de hallar a gente así entre mis compañeros así que apenas mantenía relación con ellos, nos pedíamos apuntes o nos encubríamos ante los profesores pero solo lo estrictamente necesario. Era completamente independiente. Empezaba a formar un grupo de amigos que nada tenía que ver con el centro donde estudiaba que me ayudó mucho a salir adelante.
Al año siguiente, muy a mi pesar, volvimos a coincidir todas y cada una de nosotras en la misma clase. Parecía que habían olvidado los años anteriores y me dejé envolver en su juego, manteniendo una distancia prudencial. Pronto me di cuenta de qué iba cada una y no me importó. Fue ahí cuando me percaté de la condición de Hipócrita de esta niñata, es en ese momento cuando decidí utilizar su juego a mi favor. Ella solo me dirigía la palabra por interés, porque sabía que de mis apuntes dependía su aprobado. Ahí empecé a jugar yo también, Hipócrita tendría mis apuntes a cambio de información.
Solo hubo un momento en el que dudé de si realmente era tan falsa como creía, dudé porque estuvo a mi lado cuando nadie más me quería cerca (la lié muchísimo, como siempre, lo que produjo el rechazo entre mis compañeros... nada nuevo). Pero su condición se impuso, y pocos días después regresó la Hipócrita que yo conocía. Por suerte, esa "amistad" (tanto con ella como con el resto del grupo) terminó el día que nos dispersamos en pos de nuestros sueños. ¿El mío? La Universidad.
Después de resumiros mi historia estaréis más confusos todavía, ¿no? Veréis, esta absurda niñata y yo vivimos relativamente cerca, por lo que a veces me la encuentro por las calles, momento en el que toca hacer mi mejor actuación: falsa sonrisa y falso afecto me desbordan en su presencia. Anoche me llamó por teléfono. Pensé que querría algo, como siempre que me llamaba entonces, pero al ser cerca de las 2 de la madrugada no se lo cogí. Sus llamadas se sucedían, insistentemente, así que apagué el móvil. Por la mañana le he dejado el siguiente comentario en Tuenti: "Ey (su nombre), ¿para qué me llamaste anoche? :S" Bastante inocente, ¿no creéis? Imaginaos cuál ha sido mi sorpresa al conectarme hace poco y descubrir que en vez de contestarme ¡¡¡lo había borrado!!!
Hipócrita de mierda, no me vuelvas a pedir nada porque no pienso seguir disimulando el asco que te tengo. Solo la he pedido una cosa importante en todos estos años y no solo no ha sido capaz de hacerme el favor, sino que encima reniega de todo propósito de acercamiento por mi parte. Perfecto. Que te den.

Aurora.