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domingo, 12 de mayo de 2019

Estudiando duro


Queridos lectores, no sé cómo estará vuestra situación laboral, pero la mía se podría catalogar como "señores del Gobierno, póngase de acuerdo y déjennos a los jóvenes empezar nuestra vida".

Lo que quiero decir es que si tienes una FP (formación profesional), no estás lo suficientemente cualificado y eres muy joven; si tienes una carrera, porque no tienes un Máster; si tienes una carrera y un Máster, porque no tienes idiomas; si tienes una carrera, un Máster e idiomas, porque no tienes experiencia y ya no eres tan joven; si tienes una carrera, un Máster, idiomas y experiencia, estás sobre cualificado para el puesto... Y así continuamente.

Pues bien, yo ya no soy tan joven (los 30 me acechan como buitres) y estoy en medio de ese bucle infinito en el que los señores del Gobierno tienen a la población joven de este país. Luego dicen que emigramos, que hay fuga de cerebros; no señores, nos vamos donde nos valoren, punto pelota.

Como sabéis, tengo una carrera y un Máster, lo que no sabéis es que acabo de certificar un idioma que me ha llevado más de un año prepararme y ¡sopresa! no tengo experiencia porque me he pasado toda la vida estudiando. Total, que sigo sin trabajo de "lo mío" (por suerte colaboro en una oficina y me saco alguna monedilla) y sin muchas expectativas visto el percal.

Así que he decidido opositar. Más horas de estudio, de encierro, de no ver el sol, de seguir formándome para un futuro cada vez más incierto y más negro que el sobaco de un grillo. Calculo que el examen será cuando tenga ya 30 o esté a días de cumplirlos (por favor que no caiga en mi cumpleaños), y eso que queda un año todavía. ¿No sentís el tic tac de la presión?

Yo no sé quién se inventó eso del "sueño español", aquí estamos como en cualquier parte, con la soga al cuello, sin dinero, sin posibilidades, con un Gobierno que mira hacia otro lado. Vivimos en un país en el que los poderosos lo tienen todo y los demás, bueno, los demás sobrevivimos como podemos.

Contadme un poco de vosotros, ¿os identificáis conmigo?

Aurora.

La foto la he sacado de aquí.

jueves, 7 de marzo de 2019

Hasta la vista


Queridos lectores, ¿cuántas veces habré de hablaros de la gran hipocresía que nos rodea? De cómo alguien que considerabas tu mejor amiga (y ella a ti también) pasa a ser una desconocida que ni te saluda por la calle.

Como os comenté en mi primera publicación tras el largo parón, han sido tiempos muy turbulentos, de mucho cambio y mucha inestabilidad. En esta ausencia en el blog, la que creía la mejor amiga de mi madre, de repente desapareció. Qué fácil es ser amigo en los momentos buenos, pero si llegan las vacas flacas y la gente huye, plantéate que no eran tan amigos. Y esto es exactamente lo que pasó.

Mi madre tuvo muchos meses de bajón físico, anímico, psicológico y todo lo que se os ocurra de esa índole y, mientras casi no podía ni salir de casa, se preocupó de que su amiga estuviese bien. Llegó un día en que no podía abarcar tanto y se centró en sí misma, fue al médico y le dijeron que tenía una enfermedad, que todos sus problemas tenían una causa. 

Se focalizó en su tratamiento, en superar la rara enfermedad que la había casi anulado como persona, pero su amiga ya no contestaba sus llamadas ni mensajes, no sabe que pasó por todo aquello sola, con el apoyo de toda su familia, pero sin su supuesta amiga.

Después de Navidad, mi abuela tuvo que ser ingresada y estuvo muchas semanas en el hospital. Mi madre no se separaba de su lado y con todo lo que conllevaba su recuperación, las horas de hospital, asegurarse de que las cosas en casa seguían yendo bien y un largo etcétera, se olvidó de felicitar el cumpleaños a esta mujer. Qué gran ofensa para alguien que no sabe de la misa la mitad.

Cuando mi abuela se recuperó y volvió a su casa, nos enteramos de que la había vendido. Tuvimos que ponernos las pilas en buscar un nuevo hogar para ella, para mi abuelo y para mi tía que vive con ellos porque se quedaban literalmente en la calle. Fueron meses en los que mi madre seguía con su tratamiento, en los que cuidaba de la recuperación de mi abuela, buscaba un piso apropiado y vaciaba la casa de todo lo que no se iban a llevar a la nueva, fuera cual fuese.

Por esa época tuvo la inmensa suerte de reencontrarse con su amiga de toda la vida, del colegio, de sus años de juventud. Y gracias a ella y tener alguien con quien contar, sus problemas se minimizaron en su mente. Ya no se veía sola, volvió a sonreír después de mucho tiempo. La hipócrita la bloqueó en las redes sociales, nadie sabe muy bien por qué.

Ahora las cosas parecen más tranquilas. Mi madre no está recuperada, pero va bien; mis abuelos y mi tía llevan un tiempo instalados; no hay demasiados sustos de salud por parte de ellos; sigue quedando con su amiga del colegio, etc. 

El otro día nos cruzamos con la supuesta mejor amiga de la que hacía más de un año que no sabíamos nada y ni nos saludó. Giró la cara como si fuéramos las vecinas pedantes, maldita maleducada. Muy bien, tú lo has querido. Si no estuviste en los momentos más duros de nuestra vida, no nos mereces en los mejores.

Espero de corazón que no tengáis la suerte de tropezaron con gente así de magnífica y que la apartéis bien lejos.

Aurora

La fotografía la he sacado de aquí.

martes, 5 de febrero de 2019

Globos y rosas


Queridos lectores, no es fácil volver después de un año de parón. No sé ni cómo empezar. Mi vida dio un giro de 180º y se puso del revés, durante meses he sido un barco a la deriva amenazando con encallar estrepitosamente en un afilado acantilado. Pero heme aquí tanto tiempo después... vuelvo al redil con algo de mi cosecha:

Eres un globo a la deriva, tan pomposo, tan vistoso, con una cuerdecilla que suplica que alguien te ate, que te lleve a su lado, que te cuide hasta que la falta de aire te lleve al final, un arrugado adiós.

Pero te gusta lo bello, las rosas te atraen, con sus colores, con su jugosidad, con esa fragancia que te atrapa, ¿qué hay de malo en ir a jugar? No adviertes el peligro, solo la belleza eres capaz de ver, nada más que la superficie, ¿no ahondas? ¿Para qué?

Pero debajo de la hermosa perfección se hallan las espinas, amenazantes, deseosas de que te acerques lo suficiente para asir tu cuerdecilla y acortar distancias. Eres un globo curioso, quieres sentir su tacto aterciopelado y bajas a jugar. Y cual garra retráctil felina, llega la rosa y clava en ti su afilada navaja.

Explotas. La belleza es solo el principio, el final nadie lo sabe. 
Estallas. Porque te das cuenta de que las cosas no terminan como habías planeado.
Rasgas el aire con un alarido que asusta a quien es capaz de oírlo, pero es mudo.

No hay arrugas para ti, te rompiste.

Aurora

miércoles, 28 de marzo de 2012

Profesor



Hola seguidores, gracias a todos por no haberme abandonado en este tiempo de autismo. La universidad me tiene frita este curso y ponerme a comentar es mi deseo cada noche, pero el agotamiento también hace mella en esta mente frustrada. Muchas gracias en especial a aquellos que me instan a menudo en retomar mis divagaciones, críticas y chorradas varias que solía colgar antes de mi decadencia mental. Esta entrada se la dedico con todo mi rencor a ese señor que tanto se la merece (sigo haciendo gala de una ferviente necesidad de anonimato).
Él, que camina solitario por los pasillos de la Facultad, ese hombre ridículo con aires infundados de superioridad, sí, ese, ese es al que dedico estas palabras que le describen tras el velo de mis subjetivas retinas. Trajeado y con barba inmaculada, apariencia de higienista consumado que esconde su condición desaseada. Va de crítico experimentado, de profesor idolatrado. ¿Perdón? Con su labor como crítico no me meto, pero ¿buen profesor? ¿Él? Me dan ataques de risa espasmódica si lo pienso con detenimiento.
Probablemente el "equipo matrícula" se me echaría encima si de estas palabras se enterase,  pero ¿qué ha de pensar una alumna que se ha dejado la piel en su asignatura y sólo ha recibido impertinencias y groserías de su parte? ¿Qué he de pensar yo como víctima de su despotismo, de su altivez y de sus atroces injusticias?
Justifico así el poco respeto que guardo a este señor para el que no existo, citando sus propias palabras textuales que dijo a una compañera en la revisión de un trabajo que hacíamos en conjunto. No sé cuál será su excusa para ser tan repulsivamente petulante, tampoco me interesa. Me da pie a que exprese lo que opino sobre él en este blog en el que, entre otras cosas, denuncio la Hipocresía del mundo que me rodea.
Es un placer volver a escribir aquí. Un abrazo enorme a todos los que me seguís a pesar de mi prolongada ausencia.

Aurora